Posteado por: marie b en: Julio 13, 2009
Fin de semana, un amigo, sus amigos, especialmente uno llamó mi atención, caminamos juntos, bebimos un trago, luego dos, luego tres, un cigarro, sigo platicando con el desconocido, parece que tenemos pocas cosas en común, todo parece indicar que no somos el uno para el otro, sin embargo ese sentimiento que me causó a primera vista es como sentir alivio de toda la tensión que me embarga en el momento, quisiera contarle que antes tuve un amor, quisiera decirle que no quiero volver a pasar por lo mismo porque estoy cansada, muy cansada, me inspira tanta confianza, pero no lo hago, no quiero espantarlo, continúo hablando de trivialidades, algunas le divierten y el continua hablando de trivialidades similares, la reacción de mi mejor amigo es extraña sé que algo sabe, pero no me lo dice. Se nota en la mirada del desconocido mucho cansancio, y supongo que el nota lo mismo en la mía, aún así no dejo de mirarlo, no dejo de pensar en que ese desconocido formará parte importante de mi vida, recuerdo en un instante una vieja melodía que cada vez que la escuchaba soltaba lagrimitas de melancolía: “…que me hizo comprender todo el bien, todo el mal…en el alma sólo tengo soledad, y si ya no puedo verte porque Dios me hizo quererte para hacerme sufrir más” poco a poco desaparece, alivio, siento alivio al ver a ese desconocido que me hace sentir de a poco tranquila, no, no es el alcohol, yo he dejado de beber, mi mente está más clara, hay ruidos a mi alrededor. Él es perfecto. Lo tiene todo, quiero besarlo, quiero abrazarlo, pero me resisto. Tiene todo lo que me importa, lo presiento. El desconocido habla y yo ignoro de qué. Quizá sea la única vez que lo veo, pienso. Finalmente podemos estar a solas, y el me abraza, parecería que esperábamos ese momento, lo abrazo fuerte, no quiero soltarlo. Un beso ¿Tan fácil fue? Sí. A pesar de que acabamos de hablar hace unos minutos atrás siento que lo conozco de toda la vida, y en ese beso va toda la melancolía del mundo, siento sus brazos, fuertes. Siento… siento que sé que le va a un equipo super chafa, y que le gustaría estar en un futuro sólo en un país Europeo, siento que sé también que odia mis gustos absurdos y banales, que a veces se contradice con muchas cosas pero es divertido, que le gusta contradecir mis selectos gustos musicales je, y que le preocupa el medio ambiente, que a veces dice tonterías y a veces no está cuando lo necesitan, que es muy inteligente, y que no odia a mi gato, siento que a pesar de su apariencia tranquila puede llegar a ser más interesante y divertido que cualquiera de los tipos que nos rodean en ese momento, siento que él sabe de mi amor por los números, siento que sabe cual es mi canción favorita, siento que la música me enamora más, quizá sea el efecto de eso, sí… es el efecto de la música. Tomo su mano durante un largo rato. Al parecer ninguno de los que nos acompañan entiende que pasa. Yo tampoco. ¿Cómo pudo ser que ese desconocido llegara de pronto tan lejos? Si desde hace cinco años sólo he “salido”(lo pongo entre comillas porque…bueno…porque sí) con menos de tres personas(¿ja?), a pesar de mi súper atractivo fatal (aaaajá) y mi perfecto sentido del humor. ¿Cómo ese desconocido hizo eso tan rápido? ¿cómo es que hace que me tiemblen las piernas? si ya me estaba volviendo lesbiana ¿como desapareció mi odio por los hombres? (nah es broma eso, algunos me caen bien) La música me envolvía, sentía mi estúpida sonrisita de colegiala enamorada, sentía que mis ojos se hacían grandes y brillaban como los de alguna chica súper poderosa, mis manos estaban inquietas y me ponía nerviosa si me preguntaba algo, mi corazón latía rápido con cada mirada cada vez más atrevida. Mientras, en un momento que voy al baño reaccioné y di un grito de horror: ¡¿Dios acaso me estás castigando? habíamos quedado en que no me interesaría nadie nunca más, que sería un ser asexual! – La señora que vende dulces en el baño se me queda viendo feo y me ofrece papel para secar mis manos. Regreso al ruido, necesito un cigarro. El desconocido me ve continuamente, me trata bien, creo que estoy soñando, es demasiado, repito, es perfecto. De pronto siento que nadie más en la tierra me importaría. Me enamoré de ese hombre que quizá no vuelva a ver. Ese sentimiento es raro. Lo odio.
De regreso a casa. Quizá si las condiciones fuesen otras, jamás hubiese visto al desconocido que trepó rápido en mi lista de personas, quizá en otro escenario estaría platicando con mis amigos acerca de mi repetitiva vida, ó escuchando sus nada monótonas vidas, qué sé yo, hubiese quizá encontrado a otro Noruego masticando su español para tratar de hablar conmigo, quizá me hubiese quedado dormida en el estacionamiento, no sé, no pasó nada de eso, sino lo perfecto.
- Te extrañaba. – Yo también.
Viene un recuerdo: No es un desconocido tonta. Ya se conocían, borraste bien su recuerdo. Ya formó parte de tu vida, ya vivieron algo similar, ya tuvieron sueños juntos, ya, ya. Es él. Otra vez… la única persona que puede crear ese caos en mi.
Fué un sueño muy real.
:::::… Mencionas demasiado una palabra que a mi me sigue dando mucho miedo: Siento, cuando aparece esa palabra me da miedo a que laceren, pero en fin cuidese!
Julio 13, 2009 a 4:04 am
Querida Carmen,
Esta ocasion te escribe “Tu querido Diario”,
He de decirte que según las letras escritas en varias de las paginas que me conforman: en efecto, ya lo conocías.
Lo has borrado no solo una vez… al menos lo has intentado varias.
Y también lo has “desconocido” más de una vez.
No entiendo estas cosas de los humanos pero, leerte así me hace cosquillas en mi papel y eso me pone feliz
Me dan gusto las etiquetas que pusiste y te mando un beso dibujado junto a la firma de tu blog.
Julio 14, 2009 a 1:03 am
Yo tampoco entiendo, nada, espero que tú, mi querido diario, me ayudes a comprender que pasa.
Te quiero. Te quiero tanto.